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Un espacio vacío. En una época en que la producción de los conciertos tiende a lo faraónico, David Byrne elige la limpieza escénica, el minimalismo teatral. No hay grandes estructuras ni artefactos destinados a deslumbrar por el exceso de luces, mecanismos o pantallas. Hay cuerpos. Cuerpos que producen sonido, que se mueven y ocupan el espacio. Y un fondo que lo mismo puede ser una escalera de emergencia en Brooklyn que arte gráfico oaxaqueño con una calavera en cuya frente reza: Fuck ICE. Así transcurrió ayer la primera de las tres noches que David Byrne ofrecerá en el Teatro Metropólitan de la Ciudad de México.


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