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Imagina una orquesta capaz de ejecutar casi cualquier partitura. Sus instrumentos responden, se coordinan y corrigen errores. Pero queda una pregunta que ninguna demostración de virtuosismo resuelve: ¿qué merece ser interpretado? La nueva generación de inteligencia artificial (IA) nos coloca ante un desafío semejante: menos obstáculos para hacer, más responsabilidad para elegir. El 3 de septiembre de 2026, OpenAI presentó GPT-6 Astra, nueva generación de su transformador generativo preentrenado. Según sus simulaciones en OSWorld 2.0, una prueba de manejo de computadoras, registró una puntuación de 72.6% con aproximadamente 47% menos tiempo por tarea que GPT-5.6 Sol. Son resultados del desarrollador, no una garantía de desempeño universal.

El cambio apunta hacia una experiencia de sistema operativo agéntico: pedimos resultados y un agente coordina herramientas para conseguirlos. Las aplicaciones no desaparecen; disminuye nuestra necesidad de operarlas. Claude Fable 5.1 y Grok 4.6 también avanzan hacia trabajos prolongados y complejos. No es magia repentina: es evolución acumulada en un mercado competitivo. Mi lectura es que el cuello de botella empieza a desplazarse de ejecutar instrucciones a imaginar propósitos valiosos. La técnica no desaparece: debemos seguir atendiendo la fiabilidad, los recursos y la supervisión. Pero dominar cada menú pierde peso frente a reconocer problemas, conectar conocimientos y proponer soluciones que todavía no existen. La pregunta empresarial cambia. En vez de pedir otra campaña, podemos plantearnos cómo eliminar un desperdicio antes tolerado o atender una necesidad ignorada. El agente ayudaría a explorar opciones y construir prototipos. Pero decidir a quién beneficiar, qué riesgos aceptar y cuándo detenerse exige una responsabilidad que no se delega con un clic. Aquí aparece lo que llamo vacío de voluntad , o will gap : la distancia entre perseguir un objetivo computacional y tener algo vital en juego. Un agente puede continuar una tarea sin recibir instrucciones a cada instante. Esa autonomía, sin embargo, no demuestra el deseo vivido de existir. Mi planteamiento distingue funcionamiento y experiencia; no pretende resolver el debate sobre la consciencia artificial. En nosotros, querer nace de una existencia vulnerable. Antonio Damasio y Gil Carvalho vinculan los sentimientos con estados corporales y regulación de la vida. Hambre, dolor o bienestar no son únicamente información: son experiencias que nos conciernen. Ahí encuentro lo sublime del ímpetu vital: resistir, prevalecer y convertir la continuidad en proyecto.

Por eso, poner al ser humano al centro no debería significar coronarlo como dueño de todo. Debería comprometerlo como responsable. La orquesta puede volverse extraordinariamente autónoma; eso no nos exime de decidir qué fines autorizamos. Y el director no debe ser una sola empresa: necesitamos inteligencia colectiva, voces diversas y consideración por otras especies. Prepararnos exige educar esa capacidad de dirección creativa. Para entender mejor como hacerlo es muy relevante considerar lo que llamo Sistema 3, donde la creatividad integra intuición y razón bajo metacognición: observar y regular cómo pensamos. Traducido a la práctica: imaginar alternativas, contrastarlas con evidencia, escuchar objeciones y revisar el rumbo. No basta con aprender a pedir; necesitamos aprender a juzgar lo que recibimos. La diversidad importa. Un experimento publicado en Science Advances en 2024 encontró que disponer de hasta cinco ideas de IA elevó 8.1% la valoración de originalidad de los relatos. Sin embargo, estos resultaron más parecidos entre sí. Podemos ampliar la creatividad individual y estrechar la colectiva: prepararnos también significa proteger el desacuerdo fértil, no industrializar la misma imaginación. ¿Qué futuro queremos imaginar? Uno donde hacer más signifique cuidar mejor, ampliar oportunidades y proteger La Vida. No todas las barreras son mentales, pero muchas posibilidades mueren antes de intentarse. El verdadero hito no será que la máquina haga cuanto le pidamos, sino que sepamos desear algo digno de ese poder. _____ Nota del editor: Juan Carlos Chávez es Profesor de Creatividad y Etología Económica en el sistema UP/IPADE y autor de los libros Sistema 3: La Mente Creativa (2025), Homo Creativus (2024), Biointeligencia Estratégica (2023), Inteligencia Creativa (2022), Multi-Ser en busca de sentido (2021), Psico-Marketing (2020) y Creatividad: el arma más poderosa del Mundo (2019). Es director de www.G-8D.com Agencia de Comunicación Creativa y consultor de empresas nacionales y transnacionales. Encuentra sus libros en Amazon y síguelo en Facebook , Instagram , YouTube y LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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