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Suena a hueso; a algo seco, antiguo. A dientes que chocan como si todavía guardaran memoria. En medio del fandango, alguien la levanta y la sacude. Nadie la anuncia, pero todos la escuchan. Es la quijada de caballo, un instrumento que quizá no debería ser instrumento, pero lo es. O tal vez sí nació para serlo. 

No lo dicen, pero muchos lo piensan la primera vez: eso fue un animal. Y lo fue. Caballo, burro o res. Después de la muerte, la cabeza se entierra. Dos meses bajo tierra. Luego el mar, la arena, el sol. Un proceso lento, casi ritual. Hasta que no queda nada más que hueso limpio y dientes flojos.

Cómo se suela la quijada caballo

Un golpe con un palo hace vibrar los dientes. Suenan como un cascabeleo seco. Pero si se golpea con la palma, en la base, el sonido cambia. Es más profundo. Más humano. También se puede raspar. Como si el hueso escondiera varios ritmos esperando salir.

En el son jarocho, la quijada acompaña. No busca protagonismo. Se mete entre la jarana y el zapateado. Aparece y desaparece. Pero cuando suena, se queda.

instromundo

Lugares donde se usa

No nació aquí. Vino de lejos. De África, dicen. De las tradiciones que cruzaron el océano durante la colonia. Y en América se quedó, cambiando de nombre, pero no de esencia.

En Perú, por ejemplo, marca el pulso del festejo y el landó. En México, se volvió parte del son jarocho y también de la música de la Costa Chica, entre Guerrero y Oaxaca. En San Andrés la llaman horse jaw bone, y es clave en la cultura raizal, como explica la maestra Leonor Murillo. En Chile, incluso, tiene otro nombre: cacharaina.

El mismo hueso

Hubo un tiempo en que casi desaparece. En que los escenarios se llenaron de instrumentos más “formales”. Pero resistió. Como resisten las cosas que nacen del ingenio.

Hoy vuelve a escucharse. En fiestas, en talleres, en manos de músicos que entienden que ahí no solo hay sonido. Hay historia.

Porque la quijada no es solo un instrumento. Es una prueba. De que la música puede salir de donde sea. Incluso de lo que queda después de la muerte.

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