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Uno de los acontecimientos más trascendentes del cine de los años 80 fue la proliferación de un subgénero que se abría paso entre charcos y borbotones de sangre, mutilaciones, despellejamientos y tripas al descubierto: el cine de horror gore y/o su versión splatter. Las series Halloween, Viernes 13 y Pesadilla en la calle del infierno –las más prolíficas y afamadas–, no sólo integraron en su momento un curioso triunvirato de hemoglobina, masacre y secuelas, sino que dieron vida a tres sanguinarios “nuevos monstruos” homicidas que parecían moverse entre el realismo y lo sobrenatural; El Coco Michael Myers, Jason Voorhees el destripador con careta de hockey y Freddy Krueger que surgía de los sueños, respectivamente.


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