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El T-MEC suele analizarse desde fuera: aranceles, reglas de origen, controversias y declaraciones políticas. Pero la negociación que realmente importa ocurre por dentro. No se trata solamente de conservar un tratado comercial, sino de decidir qué lugar quiere ocupar México en la economía de América del Norte durante las próximas décadas.

Estados Unidos, México y Canadá construyeron durante más de treinta años una integración que ya no puede entenderse como la suma de tres economías. Automóviles, alimentos, energía, dispositivos médicos, electrónica y manufactura cruzan fronteras varias veces antes de convertirse en productos terminados. Competimos entre nosotros, pero cada vez competimos más juntos frente al mundo.

Por eso sería un error negociar pensando únicamente en defender lo que tenemos. Una gran negociación no comienza preguntando qué podemos conservar, sino qué podemos construir.

La revisión ocurre en un cambio de época. Estados Unidos redefine su política industrial. La competencia con China ya es tecnológica, energética, logística y geopolítica. Las empresas no preguntan solamente cuánto cuesta producir; preguntan dónde pueden hacerlo con seguridad y certidumbre.

Ahí está la oportunidad mexicana.

México posee algo extraordinariamente difícil de reproducir: geografía, capacidad industrial, experiencia exportadora, talento y décadas de integración con la economía más grande del mundo. Pero tener ventajas no significa saber negociarlas.

La estrategia mexicana debería poder explicarse en una página: cinco compromisos y cinco resultados exigibles.

Primero, garantizar energía, agua e infraestructura en los principales corredores industriales, a cambio de un programa trilateral de inversión y financiamiento estratégico.

Segundo, modernizar aduanas, puertos y cruces fronterizos con tecnología y procesos comunes, a cambio de metas obligatorias para reducir tiempos y costos logísticos.

Tercero, fortalecer seguridad, Estado de derecho y protección de inversiones en corredores productivos, a cambio de certidumbre regulatoria y mecanismos ágiles para resolver controversias.

Cuarto, desarrollar conjuntamente semiconductores, inteligencia artificial, centros de datos, electromovilidad, farmacéutica y manufactura avanzada. México no debe limitarse a ensamblar: debe participar en diseño, tecnología, propiedad intelectual y talento.

Quinto, impulsar una política de contenido norteamericano: producir regionalmente más de aquello que hoy importamos de Asia. No para cerrar América del Norte al mundo, sino para disminuir vulnerabilidades y competir mejor.

Eso transforma la negociación. México deja de presentarse como el socio que pide conservar privilegios y se convierte en el socio que ofrece resolver problemas.

Las tensiones entre Estados Unidos y Canadá dejan una advertencia: ningún vínculo puede darse por sentado. México no debe buscar sustituir a Canadá, sino impulsar una arquitectura regional donde los tres entiendan cuánto perderían separados.

Y existe un activo que atraviesa toda esta estrategia: CONFIANZA.

El capital puede tolerar costos y riesgos; difícilmente acepta incertidumbre permanente. Una inversión necesita saber cuáles serán las reglas mañana.

Nuestra competitividad no dependerá solamente de salarios, ubicación o tratados. Dependerá de convertir a México en un país predecible, confiable y capaz de cumplir acuerdos.

Ése debe ser nuestro TRUST IN MEXICO.

México necesita saber qué quiere antes de sentarse a discutir lo que otros quieren de México. Debe llegar con proyectos, calendarios, responsables, indicadores y resultados medibles. Negociar sin métricas es intercambiar promesas.

Estados Unidos necesita cadenas seguras; Canadá, preservar su integración; México, inversión, tecnología, productividad y mejores empleos. Esos intereses pueden converger.

Encontrarlo es negociar. Construirlo es tener visión.

La oportunidad histórica consiste en transformar el T-MEC de un acuerdo que protege comercio en una plataforma que produzca competitividad. Pasar del Made in Mexico, Made in USA o Made in Canada hacia algo más poderoso:

MADE IN NORTH AMERICA. TRUSTED BY THE WORLD.

México no debe llegar pidiendo un lugar en la mesa. Ya está sentado. Ahora debe colocar una propuesta que haga evidente algo fundamental: América del Norte necesita a México, pero México también necesita demostrar por qué.

Ése es el T-MEC por dentro: no administrar nuestra geografía, sino convertirla en estrategia, CONFIANZA y resultados.

Hacer el Bien! Haciéndolo Bien!


Contenido sindicado vía RSS de El Financiero. Nota original: https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/luis-wertman-zaslav/2026/09/14/t-mec-por-dentro/

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El Financiero
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